El poso de Ponce, la garra de Fandi y la seguridad marmórea de Perera

    El poso de Ponce, la garra de Fandi y la seguridad marmórea de Perera
    • GONZALO I. BIENVENIDA

      Mérida (Badajoz)

    Triunfa la terna en una tarde de gran contenido ante una manejable corrida de Matilla

    Ponce doblándose con el toro al que cortó dos orejas en Mérida.

    Ponce doblándose con el toro al que cortó dos orejas en Mérida.
    APLAUSOS

    Extremadura es la Comunidad Autónoma que mayor compromiso ha mostrado con la tauromaquia en circunstancias tan complejas como las que se están viviendo en este momento. Fernández Vara ofreció un 75% del aforo de las plazas, un protocolo sanitario de obligado cumplimiento y una serie de ayudas dirigidas a ganaderos y escuelas taurinas. La capital de Extremadura ha acogido dos corridas de toros con gran respuesta de público, cerca de ocho mil personas reunidas en total al reclamo de las figuras del toreo -en torno a 3.500 este sábado-. Se cumplieron escrupulosamente las medidas mencionadas, ya que se midió la temperatura de los asistentes en la entrada de los tendidos, se obligó la utilización de la mascarilla durante todo el festejo y se suministró el hidroalcohólico a todos los presentes. Ejemplar actitud de la afición que, por cierto, estuvo compuesta por mucha gente joven.

    La de Alcalá de Henares fue la segunda corrida suspendida de la temporada de Enrique Ponce. Sentisteban del Puerto había sido la otra. A Mérida llegó con idéntico entusiasmo de todas las tardes de este raro verano que está protagonizando pero con un punto mayor de reposo. Estuvo especialmente centrado en el cuarto, un toro sin cuello y tocado arriba de pitones de Matilla que arrolló en los primeros tercios. Las verónicas afloraron con sutileza pese al desorden la de embestida. Ponce mostró su vertiente más artística en un acompasado inicio de faena y en unas tandas sobre la mano derecha en las que logró encelar al toro. En maestro, comprendió perfectamente las claves del toro. Ligó en la pala con habilidad para llegar a los tendidos. Remató la obra con unas poncinas primero y con unos ayudados después. Inteligente, templada y sentida resultó la obra del Maestro de Chiva que fue coronada con una gran estocada. Las dos orejas le supieron a gloria. Ante el primero de al tarde, tan sólo pudo justificarse por la falta de clase y de humillación del toro (saludos).

    Veinte años ha cumplido de alternativa El Fandi. La idea del granadino era asumir compromisos fuertes esta temporada para celebrar la efeméride. No ha podido ser. Sigue como siempre. Entregado totalmente al espectáculo. Le cortó dos orejas al primero de su lote, que no fue fácil. Su facilidad capotera vino sucedida por la variedad de las chicuelinas al paso primero y estáticas después. En banderillas montó un taco. En la muleta, el toro de sus apoderados se quedaba por debajo sin romper de verdad hacia delante. Fandi desplegó todo su arsenal de recursos para que aquello no decayera, la contundencia de la estocada final también ayudó. Precioso fue el quite por navarras al quinto. Le puso hasta cuatro pares de banderillas, sin demasiado ajuste por los cambios de ritmo del toro. Los dos últimos al violín. El toro en la muleta resultó reservón. El granadino combatió esa condición a base de esfuerzo, tirando de la embestida, alegrándola con el pisotón, buscándole las vueltas (saludos tras petición).

    La corrida de García Jiménez tuvo la tónica de la nobleza en un conjunto en el que no destacó la clase sobresaliente de ningún ejemplar. En cuanto a la presentación, fue correcta, con algunos toros más terciados y otros con mayor cuajo como el segundo, el cuarto y el sexto, un punto por encima de los otros tres. Miguel Ángel Perera logró una oreja del tercero que humilló mucho. Rompió el toro ante el poderío asentado del extremeño que tuvo el mérito de dejarle siempre la muleta abajo para traerlo perfectamente toreado. No tenía fondo el toro para mantener el ritmo de mitad de tanda en adelante. Perera fue paciente y exprimió al noble toro. La media estocada requirió del descabello. El sexto sólo ofreció unas primeras tandas con posibilidades, después se rajó sin muchas opciones. Un toro que pasó sin emplearse demasiado y que se acobardó con la marmórea seguridad de Perera. Una gran estocada le permitió cortar una oreja.

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